Soy Índigo

No leo tu futuro. Leo lo que hay entre los dos.

Cómo llegué aquí

Tenía quince años cuando me leyeron la carta astral por primera vez. Me pronosticaron tres cosas. No pasó ninguna.

Lo que sí estaba ahí, y esa persona no lo vio, era por qué yo me peleaba con mi papá siempre por lo mismo. Nadie supo leerlo.

Me quedé con una pregunta que me tomó años responder. Si la carta no adivina el futuro, entonces qué dice.

Pasé la siguiente década leyendo las cartas de mi entorno. Amigos, primos, el que trabajaba conmigo. Sin cobrarle a nadie, porque me equivocaba mucho. Aprendí más de las veces que me equivoqué que de los aciertos, y de los aciertos aprendí a desconfiar de la suerte.

Hasta que me di cuenta de algo que cambió el enfoque. Nadie me preguntaba por su propia carta. Me preguntaban por la del otro. Por la mamá, por la expareja, por el que no escribe. Llegaban con una carta, pero en realidad traían dos. Ahí supe cuál era mi trabajo.

Por qué Índigo

El índigo es el color en el que nadie se pone de acuerdo. Está entre el azul y el violeta, y la mitad de la gente te dirá que no existe, que es solo un azul oscuro. Está ahí, pero parece no tener nombre propio.

Eso es exactamente lo que leo. Lo que pasa entre dos personas y todavía no tiene nombre.

Lo que hago y lo que no

Quince años después sigo leyendo cartas. La diferencia es que ahora sé qué estoy buscando.

No predigo el futuro. No te diré que en marzo conoces a alguien ni que el año que viene te casas. El que te diga que lo sabe te está vendiendo humo.

Tampoco te diré si esa persona es tu alma gemela o si te conviene irte. La decisión es tuya. Yo no vivo tu vida.

Lo que sí hago es cruzar las dos cartas y decirte dónde empieza el problema. Qué parte del cortocircuito es tuya, qué parte es del otro, y qué parte es exclusiva del cruce. Esa última es la que nadie ve, porque no existe en ninguna de las dos cartas por separado.

No uso plantillas. Cada lectura la escribo de cero, diseccionando tu carta y la de la otra persona al mismo tiempo. Por eso no hay dos iguales.

Tu carta la calcula mi propio código a partir de efemérides astronómicas, con el Sol, la Luna y el Ascendente reales para el minuto en que naciste.

Leo las dos cartas completas y decido qué importa y qué no. Uso herramientas para ordenar las notas, como cualquiera que trabaja con tablas de posiciones. Lo que termina escrito, y sobre todo lo que decido no escribir, lo elijo yo.

Y nunca escribo sobre muerte, enfermedad ni embarazo. Ahí una frase mal puesta hace daño de verdad.

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